Estudiaba en Salamanca, y tuvo el privilegio de participar en la primera edición, que por aquel entonces se disputó por una serie de barrios de la ciudad, y surgió un inevitable flechazo. En lo sucesivo,no faltó ningún año, incluso después de terminar la carrera y volver a su lugar de residencia, volvÃa cada año para reencontrarse con la San Silvestre. AsÃ, hasta la duodécima edición, en la que no hizo acto de presencia. No presumÃa de dotes de gran corredor, pero ni un solo año en los que pudo participar, dejó de cruzar la linea de meta. En él se personificaba el eslogan:»lo importante es participar». No volvió a correr, un maldito accidente de moto le habÃa dejado postrado en silla de ruedas. Pero seguÃa acudiendo a la cita. Le pude ver observando el paso de la última carrera por el Puente Romano, sin poder evitar las lágrimas.