Había ganado casi todas las San Silvestres de la ciudad charra, cuando participaba ese fin de año, un hombre con un bastón que corría cayó al suelo, se ahogaba, rápido le insufló aire y le masajeó el pecho, al cabo de unos minutos se recuperó, era ciego y le agradeció lo que había hecho, llegó tarde a la meta, había hecho lo importante.