Comienza. Y él corre y ve, cuando gira la cabeza, el avanzar de los otros. Y él piensa qué ojala en la vida fuese todo así, tan claro, tan a pecho descubierto. En la carrera se usa la sinceridad del esfuerzo. Esa nítida e irrebatible verdad. Qué raro algo así en estos tiempos, tiempos de la mentira y la estafa. Desde el principio sabes que sólo conseguirás lo que tu sacrificio te otorgue. El juego es limpio. Y Germán, sudoroso, rozando sus propios límites y su resistencia, esto es, haciendo una promesa de amor a la vida, sintiéndola con más fuerza, recorre, entre los otros corredores el trayecto previsto. No ha vencido. Ni siquiera ha quedado entre los primeros. Da lo mismo. Existen más cosas que el triunfo.