Estoy listo. Puedo sentir los nervios en mi estómago. Respiro hondo, para relajarme. Esta no es mi primera carrera, pero sí la más especial, no me cabe la menor duda. Y por ello pienso vivirla al máximo. Quiero disfrutarla, no perderme nada. Este año podré detenerme más en los detalles.
Miro a mi alrededor y siento una mezcla de nerviosimo, tensión, euforia…
Como cada año correré junto a Juan, más que un amigo, un hermano. Gracias a él y a su generosidad puedo estar un año más en mi San Silvestre, en mi ciudad, Salamanca. Juan se coloca detrás de mi, apoya su mano en mi hombro y me pregunta si estoy preparado. Le dedico una sonrisa y afirmo con la cabeza. Dan la salida. Juan comienza a correr y noto cómo las ruedas de mi silla se deslizan, tomando velocidad. Gracias hermano por mantener viva mi ilusión.