Voy a ir estas navidades ancá de mi tía Valentina para felicitarle las pascuas, y ansí aprovecho a correr la San Silvestre.
Llega el día y Bartolo toma la salida muy emocionado, pero está a punto de caer por los empujones y codazos que le propinan ¡Pedazo de pencos y arriponcios!-se le oye bramar.
Cuando se encuentra por la cuesta del campo de San Francisco, ya no puede más, está exahusto. Los más de cien kilos son demasiado lastre para soportar esa carrera. Todo jadeante se tira en la acera dejando ver su voluminosa barriga.
Al poco tiempo le suben a una ambulancia y le inyectan suero ¡Pero hombre!¿cómo se te ocurre participar en estas carreras con ese peso? -Mira galán, deja de espotricar y a ver si me agencias un poco condumio,porque me encuentro amuelao.