Iba primero. Las gotas de sudor corrÃan por mi frente. Las piernas me dolÃan. El aire apenas me llegaba a los pulmones. «Un último esfuerzo que ya llego al Paseo de San Antonio» pensé. ¿En qué momento se me ocurrirÃa? Sentà el suelo en mi espalda. Me habÃa desvanecido. Entonces, dos personas me agarraron (eran el segundo y el tercero) y me llevaron hasta la meta. Quedé primero gracias a su esfuerzo. Lo que no sabÃan era… que yo ya habÃa llegado.