27 DE DICIEMBRE DE 2026

El corazón golpea como un tambor bajo el cielo de diciembre.
No corro por el podio, corro por ella.
Por mamá, que me enseñó a resistir cuando el aire quema.
Su voz se ha ido, pero el eco sigue: invisible, obstinado.
Las piernas piden rendición, el alma, un milagro.
El reloj sangra los últimos segundos del año.
Levanto la mirada.
Cruzo.
El viento me envuelve, suave, maternal.
Y en ese instante lo entiendo: no corro para llegar. Corro para volver a escucharla.