Cuenta la leyenda que la luna, harta de estar sola, descendió a la tierra sin el permiso del sol.
Pero éste se enteró, y sabiendo que no podía abandonar su lugar mientras que la luna no volviese, no pudo más que observarla.
Nada iluminaba la noche, i el sol bajó en pos de la luna.
Para ello utilizó la forma de un lobo salvaje, y buscó.
Finalmente, fue a un lago a beber, y la vio, ahí, encarcelada en el agua.
El sol, con sumo pesar le preguntó, y ella, creyéndolo un lobo, le explicó su miedo al no saber cómo volver al cielo, y temía que el sol muriese de pena y con él los humanos.
Él conmovido, aulló tan fuerte que aparecieron miles de puntos de luz, y se la llevaron.
Las llamó estrellas, y por ello, en las noches de luna llena, un lobo aúlla.