Loli se enfunda por fin sus mallas nuevas. Pronto darán las diez y pasarán las demás a buscarla. «Las chicas de oro», las llaman en el barrio. Por nada del mundo se perderÃa un dÃa como hoy, asà que no puede encantarse: los veteranos salen a las 12.30. Han quedado tempranito para ponerse al dÃa; hoy está prohibido hablar de penas. Cuando Juanjo la ve aparecer en el comedor de esa guisa, le suelta «¡Pareces una rana, abuela!». Su marido, que todavÃa va en pijama, le da la razón al chaval y sigue hojeando el «As» con aparente desgana. «Es que el verde es mi color favorito, el verde esperanza, ¿verdad, Antonio?» y le guiña un ojo al nieto. Antonio la mira como si no llevaran más de cincuenta años juntos, como si la acabara de conocer y, sonriendo con disimulo, se encoge de hombros. «Si tú lo dices…».