Amanece y se despierta, se ducha y se pone la ropa deportiva. Le queda más chica de lo que esperaba, él nunca entrena pero siempre intenta acabar la carrera. Este año le costará más, acaba de cumplir 68 y aun asà sigue corriendo. ÉL no lo ve una competición, sino un paseo rápido por la ciudad para ver los grandiosos monumentos y edificios de Salamanca. Le encanta el respaldo de la gente, como todos le animan con sus aplausos.
Cuando por fin acaba, llora de alegrÃa, siente sus lagrimas caer por sus mejillas rosadas del esfuerzo y arrugadas por el tiempo. Se siente imparable a pesar de los años que le arrastran.