27 DE DICIEMBRE DE 2026

Derrengado, así se sintió cuando cruzó la meta. Tenía calambres en el hombro derecho y las rodillas maltrechas, como si un clavo las atravesara de lado a lado. Su cuerpo, ya algo decrépito, apenas se sostenía en pie. Su marca, discretísima, bastante peor que la de ediciones anteriores. Ni siquiera oyó la calurosa ovación del público. Bajo el crono que indicaba el tiempo de llegada sacó de su bolsillito una muñequera y la apretó fuertemente contra sus labios, mientras alzaba su rostro al cielo. Allí debía estar ella, marcando esta vez el ritmo a los ángeles e insuflándoles palabras de ánimo para que aleteasen con mayor rapidez.