27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada paso significaba entrar en otro mundo. Cada paso era libertad y motivación, que, después de tantos momentos de ausencia, me unían. Era como si me hubiera acercado a la verdadera felicidad, corriendo a abrazarla con fuerza.
A mi alrededor, la gente había desaparecido, la ciudad se había vuelto invisible, parecía que ni siquiera habían existido; Era solo yo en mis propios pensamientos, escalando una montaña de felicidad. Mi corazón se convirtió en un semental ganador de la competicion, que galopaba libre y salvajemente. Respiré el aire fresco que me embriagó de alegría y energía. Mira al cielo. Las nubes corren contigo, el sol te mira y te envía cálidas sonrisas.
«San Silvestru Salamanca, ¡cuánta libertad me das! ¡Cómo te adoro!» – Me dije a mí mismo, sabiendo que el espíritu del maratón me escuchaba desde algún lugar, con el alma llena de satisfacción.