En el punto de salida, paseo de san Antonio, calentaban el espÃritu y charlaban, codo con codo, varios fantasmas célebres de Salamanca.
— ¿Por qué corremos, si somos atemporales, y sin cronómetro no hay ganador ni hay meta? — se preguntaba un espectral Julio Robles.
—No corremos para ganar, corremos por el calor de la gente —respondió cantando el espÃritu de Rafael Farina.
—Corremos detrás del sueño de que vivimos —dijo Carmen Martin Gaite con una sonrisa transparente.
—¡No, no!, yo sólo porque hoy se está bien entre los vivos —exclamó divertido Torrente Ballester—, liberados de sus nombres, género, opiniones, oficios… hoy son simplemente corredores, ¡ligeros como el número de su dorsal!
—A ver amigos, ¡a callar y corramos! —exclamó Unamuno marcando la salida— ¡que estoy harto de las alas, y aquà el que no corre vuela!
Y echaron a correr, dichosos de poner los pies en suelo salmantino.