27 DE DICIEMBRE DE 2026

Y cuando salía de Cuatro Caminos y embocaba el Paseo de San Antonio, su corazón se quebró en mil pedazos.
Fulminado, las piernas de Miguel no pudieron soportar el peso de su enjuto cuerpo, agostado por el paso de los 79 veranos que lo contemplaban y devastado por la enfermedad terminal que le habían diagnóstico unos meses antes.
Sus hijos, que se habían negado a que participara en la carrera y que solo cejaron en su oposición cuando Miguel les permitió correr con él, inmediatamente supieron lo que sucedía. Conscientes de que el último aliento de su padre se escapaba, lo levantaron con una mezcla de decisión y ternura y, como pudieron, recorrieron los tres juntos los pocos metros que les separaban de la línea de meta.
Al sobrepasarla, se abrazaron a su padre y por un momento creyeron ver una sonrisa balanceándose en sus labios.