El Paseo San Antonio guardará eternamente las huellas de sus zancadas. Ellos llegan al punto de partida con su ceremonial parsimonia, toman una bocanada de aire que viene cargada de experiencias añejas y esperan en silencio la orden de salida. Dan una mirada a la meta que se yergue del otro lado de la calle, imponente y retadora; está tan cerca y a la vez tan lejos de ser alcanzada. Para los veteranos el circuito salmantino no es un recorrido más. Es un esquema que refleja la vida misma, con sus inicios y sus llegadas, con sus caÃdas y levantadas, pero sobre todo, con la intención genuina de llegar a la meta. Ya que para ellos, llegar es un decreto de conquista, mientras que la posición, es solo un asunto de orden, y en la ecuación de la vida, el orden de llegada no altera las experiencias ganadas.