Con mi IPhone iba grabando todo el recorrido… Corrías tanto, andabas entre todos, largo, delicado, destacando, como siempre. Salamanca se comía tus pies, atravesaba con sus calles tus zancadas. Y no lo sentía. La ciudad arrastrada, majestuosa, delante de nosotros y casi sin correrla. Cada vez que el sol se colaba en tu mirada y la meta se acercaba veloz eran diez las veces que intenté trotar detrás de los corredores. Detrás de ti. No llego ni llegaba y no llegaré.