27 DE DICIEMBRE DE 2026

Los flashes, las cámaras, micrófonos y periodistas, le cortaron el paso apenas cruzó la meta. No podía respirar. Sus pulmones se comprimían con dolor, y sus manos aguantaban el peso de toda su humanidad, clavadas en las rodillas. La vista se le tornó nublada, y cerró los ojos. Recordó. Los esfuerzos, las carreras fracasadas y las caminatas de piernas temblorosas, recordó. Y las palabras alrededor se le hicieron claras. Con la palma sobre el pecho, se irguió en una respiración profunda. Abrió los ojos, sólo como confirmación.

Levantó los brazos y sonrió.

Los flashes, las cámaras, micrófonos y periodistas, se giraron un solo momento a verle, agradecidos. Y regresaron su atención al oro. Pero agradecidos, porque su llegada era el fin de la espera y de la carrera. Nadie llega jamás después del último.