Cuando dan la salida de la San Silvestre Salmantina, equipada con los colores del arcoíris, Lucía inicia el recorrido con esfuerzo, pero ilusionada. Intenta sincronizar sus zancadas con sus pulsaciones. Cree que solo así alcanzará la luna.
A su paso, el público aplaude y la ovaciona enardecido. Gritan su nombre y ella se lo agradece con sonrisas sinceras, de esas que solo se irradian desde el corazón.
Busca la mirada cómplice y orgullosa de sus padres. Siempre a su lado, inculcándole disciplina, alabando su fortaleza, sujetando su mano cada vez que flaquea su confianza.
La vida nunca se lo ha puesto fácil, pero hoy es su gran día. Es única, un ejemplo a seguir. Desea demostrar que no hay nada que no pueda conseguir si se lo propone.
Cuando cruza la meta, todos estallan de alegría.
Desde lo más alto del podio, llora emocionada mientras brillan sus maravillosos ojos Down.