Llevaba muchas ediciones siendo puntual a la cita de cada Navidad,sin importarle ni la salud ni el tiempo que hiciese ese dÃa, habitualmente frÃo y lluvioso.Trataba de transmitir a sus hijos idéntico amor por la prueba como el que le habÃan transmitido sus padres a él mismo.Se mostraba orgulloso con el crecimiento, la participación aumentaba año tras año, y el prestigio que la carrera habÃa alcanzado, porque él también habÃa contribuido a ello.ConocÃa el recorrido al dedillo, sus repechos, cruces, el estrechamiento de algunas calles, los lugares en donde más aglomeración de corredores y de espectadores se producÃa: salida y meta, avituallamiento, patio… HabÃa “pasado†por todos esos sitios.Aquella mañana cumplió con el ritual:Madrugó, desayunó frugalmente, se puso su chándal y se calzó sus zapatillas.Por último, se colocó encima el peto que le acreditaba, otro año más,como voluntario de la San Silvestre Salmantina.