27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llevaba muchas ediciones siendo puntual a la cita de cada Navidad,sin importarle ni la salud ni el tiempo que hiciese ese día, habitualmente frío y lluvioso.Trataba de transmitir a sus hijos idéntico amor por la prueba como el que le habían transmitido sus padres a él mismo.Se mostraba orgulloso con el crecimiento, la participación aumentaba año tras año, y el prestigio que la carrera había alcanzado, porque él también había contribuido a ello.Conocía el recorrido al dedillo, sus repechos, cruces, el estrechamiento de algunas calles, los lugares en donde más aglomeración de corredores y de espectadores se producía: salida y meta, avituallamiento, patio… Había “pasado” por todos esos sitios.Aquella mañana cumplió con el ritual:Madrugó, desayunó frugalmente, se puso su chándal y se calzó sus zapatillas.Por último, se colocó encima el peto que le acreditaba, otro año más,como voluntario de la San Silvestre Salmantina.