Todo el el mundo cuenta historias pasadas.
Yo te contaré lo que sucederá mañana.
Aunque mañana aún no exista, me levantaré de los temblores del invierno, de los sueños de goma en el asfalto, esperando no hacer algo que desbarate el dÃa y, encorvado, me pondré el pantaloncito, la camiseta técnica, los calcetines fosforitos, seguramente todo al revés y tomaré el café mirando a un punto fijo.
La mañana tendrá un color suave, un color parecido a tu sonrisa.
En la cuesta de Oviedo ya iré de los últimos, cosas de la edad, pero tú estarás más cerca.
Haré asà con los hombros cuando, después de la meta, aparezcas por fin ante mi, sentada en la silla que ya te es eterna. Pero habré corrido por ti, como siempre, hasta que no pueda sostenerme en pie.