27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cuando sonó el disparo de salida, mis zapatillas salieron volando. Yo no. Correr descalzo no entraba dentro de mis planes. Fui tras ellas, hasta que las vi poniendo zancadillas y destrozando tobillos. ¡Qué vergüenza jugar tan sucio! -pensé. Imposible que un calzado que llevaba conmigo tres San Silvestres y cientos de entrenamientos, pisoteara a los adversarios en una carrera en la que tampoco importaba ser el más rápido. Tardé en darme cuenta de que perseguían a la única palabra que estaba en todos los pies. Ganar. A mí me venía grande. Aún así llegué el primero a la meta y tuve tiempo de observar quien llevaba mis pies dentro de sus zapatillas, con el número equivocado.