27 DE DICIEMBRE DE 2026

He visto cómo acariciabas mis viejas zapatillas a escondidas. Te he visto refugiarte en la caja de las fotos, tragarte la nostalgia con silencio resignado. Te he visto detenerte en aquella instantánea de la San Silvestre Salmantina, con el crono detenido en… ¡qué nos importa la marca! Te he sorprendido mirándome luego con tus ojos negros, sin reproches, sin lamentos, soñando con una libertad que no puedo concederte. Y tuve que esconder los míos detrás de los párpados para sujetar las lágrimas. Y tuve, yo también, que sumergirme en ese silencio mordiente que todo lo consume. No volveremos a correr. No volverás a saltar como una niña pequeña. Regatear, quebrar, esquivar, encogerte y estirarte a capricho, con esa elegancia que tanto me gustaba. La Soledad nos estaba esperando a la vuelta de una fatídica curva con su olor sangre y alquitrán, nos estaba esperando con una silla de ruedas.