Abraham siempre fue perezoso, nunca terminaba lo que emprendÃa. A los veinticinco años un halo de madurez se posó en su mente. Se propuso finalizar todo proyecto que iniciara. CorrerÃa la San Silvestre Salmantina. Fue constante durante los seis meses de entrenamiento. El dÃa de la carrera llegó confiado. En cuanto dio inicio la popular competencia tomó la punta. Era un galgo. Pasaban los kilómetros y cada vez se alejaba más de sus perseguidores. En el kilómetro nueve se empezó a sentir cansado. Volvieron sus viejos fantasmas. Recordó lo agradable que es ver la televisión mientras se bebe una cerveza. Faltaban 300 metros para llegar a la meta. ¿Qué hacÃa ahà corriendo 10 kilómetros? ¡Qué flojera! Era una distancia enorme. Arrepentido dio media vuelta y regresó hacia el punto de partida.