27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hay muchas maneras de correr la San Silvestre, la he corrido tres años, a veces sufriendo a veces un poco viniéndome arriba. También la corre mi chico desde que tiene 15 años y la corre el que cree que iba a ganar, el que gana y los que vienen de fuera. También el que queda último rodeado de aplausos.

Pero también la corre mi madre en zapatos, cuando se le escapa una lágrima cada vez que paso por el kilómetro 9 con la cara roja como un tomate, y mis hijas cuando solo hacen 10 metros al cruzar la meta, también la corre la plaza mayor cuando ruge con su piedra dorada al paso de cualquier atleta, y el puente romano cuando por él se forma una bonita serpiente de color.
La San Silvestre la corre mucha más gente de la que lleva dorsal y por eso es tan especial.