Si ustedes echan una ojeada a las fotos de la San Silvestre del año pasado podrán distinguir a Manolo. Entre la marabunta de corredores destacaba por contraste él. Un hombre de más de 80 años, vestido de calle, gafas de sol a pesar de la niebla, guantes negros, bufanda como corbata de invierno y abrigo tres cuartos de piel marrón. Se le pudo ver en San Antonio y por lo menos hasta Canalejas. Todo este año he estado intentando averiguar el significado de su presencia y su carrera. Pudiera ser que saliera de la residencia de mayores cercana al Milagro y saltara al ruedo como un espontáneo. O que su memoria a largo plazo tomara el control de su cuerpo para revivir tiempos pasados de atleta exitoso. Quizá pudo ser una aparición espiritual de San Silvestre, que protege de las lesiones a los corredores y asegura una vida deportiva larga.