27 DE DICIEMBRE DE 2026

Comenzó a bailar dejándose llevar por el ritmo negro y dulzón.
Nada le importaba de cuanto acontecía a su alrededor, de quienes la miraban y de cuantos colgaban sus ojos ávidos de deseo sobre sus pechos o su culo. Se llenó de música, sustituyó dentro de sus venas la sangre para hacer hueco a las notas sincopadas que la arrastraban haciendo fluctuar su cuerpo como una frágil barquilla amarrada a puerto en tarde de temporal.
Bailaba sola.
Para nada echaba de menos el roce de otra piel que provocara una verbena de deseos. En aquel momento sólo le importaba la música y a ella se entregaba consintiendo ser por ella penetrada y por ella poseía.
¿Para qué el contacto con el tacto? ¿Para qué el sabor del otro sabor? ¿Para qué licuarse en un sueño en el que ni se sueña?
Ella creaba su propia música
Ella, bailaba sola.