27 DE DICIEMBRE DE 2026

Recuerdo cientos de besos antes de quedarme dormido, acogido en los brazos de un mar en calma. Cuando desperté, días después, conservaba un rastro salino en los labios. No todo había sido un sueño.

Del océano de palabras y gestos la marea me trajo los restos de aquella travesía y depositó en la arena de mi espejo unas deportivas y el número de un dorsal tal vez como salvoconducto al paraíso.

Y ahora estoy aquí, engullido por esta multitud acuosa, lanzado a la inmensidad de la bola de cebo, sin más orientación que la que marca el cardumen, buscándote como un náufrago, tablón al que me asiré para no ahogarme.

La noche castellana es fría y seca. Mis mejillas, enrojecidas, aún sienten la nostalgia de tus branquias y mis ojos te buscan entre los nadadores oscuros. Sería una victoria llegar a la meta contigo o, incluso, detrás de ti.