27 DE DICIEMBRE DE 2026

Se lo había prometido así que ahí estaba yo, la persona que nunca jamás antes había corrido, ni siquiera para coger el bus que se le escapaba.
Pero ese 31 de diciembre esa carrera significaba todo, su gran victoria, así que era la mejor de las torturas que me podía imaginar.
Y ahí estábamos las dos, sobre las calles de nuestra ciudad, calzadas con nuestras zapatillas empezando a rodar.
Ella, con su pelo corto que empezaba de nuevo a brotar, preciosa e ilusionada. Y yo, siguiéndola como podía, intentando respirar, sin tiempo a ver ni por donde andaba.
De repente, se giró, me cogió de la mano y señaló.
Enfrente una pancarta enorme rezaba: “María eres grande! Campeona, has ganado”.
Toda su gente estaba ahí, esperándola a cruzar la meta. María había ganado la más grande de las carreras.