¿Siempre? Sus pensamientos, llenos de recuerdos, se pierden en las horas previas a la carrera. El dÃa ha amanecido pesado, sin ganas de despuntar, sin ganas como él. Sale a la calle y se acurruca sobre sà mismo, una mañana más frÃa de lo que se imaginaba. La vagancia le puede y prefiere seguir caminando, antes que subir a por una chaqueta. ¿Nunca? Los corredores se sitúan en primera lÃnea de salida y él se queda atrás, rezagado. El pistoletazo de inicio le retumba con ecos de memoria, impulsos vagos e inútiles que no saben marcarle ninguna ruta. Su reloj de manillas compite con sofisticados cronómetros. El final sigue lejano. Los Siempre te querré y los Nunca te dejaré son añadidos que se los llevó de cuajo el cuerpo inerte de su padre. En la meta le espera su madre, la única marca de vida que le queda.