27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me enamoré de él. De sus palabras ardientes. De su manera de cruzar la meta. De cuando apareció sudando y me dio ese abrazo.
Había estado preparando la San Silvestre salmantina durante un año.
Lo conocí dos meses antes de la carrera.
Me enamoré de un amor no posible, de una situación establecida, de sus palabras al anochecer.
De un amor en mayúsculas, de su fuerza.
Cuando me dio ese abrazo tras la meta, solo lloré.