Llevo desde el inicio de la pandemia preparándome para la carrera. Corriendo de cama en cama. Haciendo kilómetros hasta la extenuación. Doblando turnos. Intentando salvar vidas. Poniendo la mÃa en peligro. Y aunque soy fijo en la San Silvestre, este año no estoy nada seguro de poder estar en la linea de salida. Ni en la de llegada. Vivo cada segundo. El siguiente puedo haber enfermado. Incluso puedo estar muerto. O mis pulmones pueden negarse a que les entre el aire. Estar en la primera linea de batalla me ha hecho pensar que es absurdo intentar colgarme una medalla. No soy héroe. Ni campeón. Simplemente corro porque igual asà escapo del bicho. Le gusta el frÃo pero no corre tan rápido como yo. Al menos hoy, dÃa de San Silvestre, no ha podido alcanzarme. Y la meta ya debe estar por alguna parte.