Diez horas llevaba corriendo sin parar. Estaba exhausta y a punto de desfallecer y no conseguÃa darle esquinazo. De nada habÃa servido deshacerse de su querida guadaña, cambiar su indumentaria negra por un chándal y un dorsal e introducirse entre los asistentes de la San Silvestre Salmantina para despistarlo. El suicida la perseguÃa desesperado y estaba a punto de ganar.