Con el dorsal en el torso y los nervios a flor de piel, dio comienzo la San Silvestre Salmantina.
Era mi primera vez en una carrera y tanta gente junta hacía mi corazón intentar salir del pecho, aunque eso no me detendría, completar la San Silvestre era mi meta personal y sabía que podía con ello.
Hombres y mujeres, de tan diferentes edades, empezaron al unísono el trote. En San Antonio fue la salida; supere la calle de Méjico con caminar estable y Cruz de Caravaca logre atravesar, mas algunos comenzaron a desistir. En el Paseo del Rollo sentía agitada la respiración, pero la multitud que nos observaba me dio inspiración y ganas de seguir.
Volví a donde había comenzado, ahí se hallaba la meta, delante de mis ojos y, con un último impulso, esprinte, dejando por detrás corredores que tenían la delantera, logrando así completar la San Silvestre Salmantina.