Correr la San Silvestre Salmantina es como rememorar mi propia vida. La salida es un cúmulo de emociones, estoy lleno de energÃa y tengo un largo camino por delante. El primer tramo resulta fácil, como esa infancia feliz, ajeno a los problemas que me esperan. La carrera continúa, el recorrido empieza a ser complicado. Me recuerda a una madurez en la que tuve que hacer frente a las dificultades y seguir adelante sin tirar la toalla.
El último trayecto es el más duro. La meta está ahÃ, muy cerca, y el tiempo ha pasado demasiado rápido. Como esa vejez, en donde las fuerzas flaquean, y no sabes si llegar al final es una victoria.