Y cuando todo el mundo sonreía, pensando que iba a ser una tarde extraordinaria, me deslicé con todos mis amigos, rebotando entre las nubes a ver quién llegaba antes. Estuvimos cerca de 45 minutos saltando, dejándonos caer, riendo como si el cielo fuera una colchoneta infinita.
Al fin tocamos tierra: mi hermana fue la primera.
Pero justo cuando el crono marcaba 29 minutos… una zapatilla me pisó la cabeza.
Alguien llegaba a la meta. No me vio.