Cuando la liebre se dio cuenta de todo, le quedaba poco tiempo. La tortuga estaba alcanzando la meta. Entonces se teletransportó y pasó al frente. Nadie percibió la trampa. Avanzó velozmente y amplió su ventaja. Sacó seis. Cayó en la 83: retrocede a la 35. Con su ritmo cansino, la tortuga volvía a estar por delante. La liebre aceleró y la alcanzó A la 91 llegaron juntas. Era hasta la 98. En la 94 perdió un turno. La tortuga estaba a la 96, pero sacó tres y rebotó. Empatadas en la 97. Ambas rebotaron dos veces. En eso apareció una muchacha, tan cansada como segura. En el instante de cruzar la línea final, emocionada, le dio un beso a una pulsera que llevaba, donde decía el nombre de un ser querido. Después frenó, brazos en jarra y respiró como pudo.