27 DE DICIEMBRE DE 2026

El hombre con el corazón más turbio que el agua enfangada sólo pensaba en la victoria. Cuando dieron la salida, se puso en cabeza. Conforme corría por las calles de la ciudad de piedra dejó atrás la intolerancia, la avaricia, el egoísmo y la envidia. Con cada zancada se disipaba el odio, se evaporaba el rencor y desaparecía cualquier resquicio de maldad. Enseguida flotaron en su mente otras palabras hasta entonces desconocidas: amistad, compañerismo, respeto, esfuerzo y solidaridad. Decían que aquella carrera te hacía ser mejor persona. Cuando cruzó la línea de meta comprendió que algo había cambiado. Ya no era el mismo.