Mi abuelo me dijo que aquel domingo la “Sansil†y un chip solidario multiplicaban la refulgencia de los uniformes fosforitos. Años atrás mi padre también habÃa escuchado sus recomendaciones desde el punto de salida al correr la San Silvestre. Me indicó que iniciara la carrera sin olvidar que el camino era tan importante como el llegar; que mantuviera el ritmo porque la vida no se sujetaba al cronómetro y habÃa que adaptarse a sus costumbres; que en el último tramo imprimiera celeridad elevándome sobre los pies para ocupar mi sitio en el mundo; y que no me preocupara por romper la cinta en el Paseo de San Antonio el primero, ya que hasta el tiempo necesitaba de sà mismo para ir tejiendo el interior mientras transcurrÃa…
—Silvestre… abuelo… ¿Triunfo de carrera y vida?… —pregunté entusiasmado.
— Querido nieto —susurró—, algún dÃa en las dos estarás en el cajón “éliteâ€.