9:30 h. Dejo la prótesis de carbono sobre la cama. Me pongo mis calcetines rosas de la suerte y el dorsal. Barrita energética, lista. Hoy no corro por el tiempo, sino por mí y por mi querida Salamanca.
11:00 h. Las calles son una fiesta de disfraces y nervios. Siento la mirada ajena; la curiosidad por la corredora con una sola pierna. No hay burla, solo el respeto de quien comparte asfalto.
12:30 h. Pistoletazo. El rugido del gentío me empuja.
13:08 h. Estoy volando sobre el adoquinado. Cada zancada es un «sí puedo».
13:41 h. El músculo derecho arde, la prótesis roza, pero respiro por fin.
14:02 h. Cruzo la meta. Me cambio la pierna de titanio por la que me permite abrazar. No gané el metal, pero gané la vida. El aplauso es mi verdadero trofeo. Ya he ganado.