27 DE DICIEMBRE DE 2026

Su estilo estirado y altivo lo hace inconfundible entre el resto de corredores: mi jefe.
Aumento el ritmo, fijo en mi presa. Me siento ligero y fuerte, confiado en la preparación de los últimos meses. Acorto distancia. Distingo perfectamente su ropa de marca y sus zapatillas de gama alta, muy por encima de sus necesidades. La imagen perfecta de su soberbia cotidiana.
Me cuesta alcanzarle más de lo previsto; como si adivinara mi presencia, también acelera. No importa: aún queda distancia suficiente para dejarlo atrás.
Nos emparejamos, nos miramos de reojo y seguimos acelerando. La meta se acerca. Esprintamos. Cruzamos a la vez.
Mientras recuperamos el aliento, nos miramos en silencio. Él sonríe y me ofrece su mano en alto. La choco.
—¡Enhorabuena, Pérez! Hoy sí que lo has dado todo —dice, socarrón.
Yo asiento fingiendo una sonrisa, mientras pienso que el año que viene no se me escapa.