El 28 de diciembre de 2025 mi nueva víscera y yo celebramos nuestro primer aniversario, coincidiendo con la San Silvestre Salmantina, a la que, como no podía ser de otro modo, nos he inscrito.
Verán, no estoy bromeando. Dentro de mi pecho resuena un nuevo tambor que percute de forma ajena a la habitual. Los médicos hablaron de éxito, de compatibilidad, de pulsos y de estadísticas, pero no me explicaron cómo usar mi nuevo corazón.
Tras una ardua negociación, mi recién estrenado e impetuoso motor se alzó victorioso aplastando a mis remilgos sin piedad, ¡menudos arrestos!, y así, cautelosos paseos por la ribera del Tormes se transformaron en gratificantes trotes.
En la San Silvestre, cuando la respiración se convierta en incendio en mi garganta, el aire queme mis pulmones, y mis sienes palpiten desbocadas, no claudicaré, porque no hay mejor manera de celebrar la vida que correr.