El golpe chirriante en los barrotes, me levantaron del camastro hundido, hoy treinta y uno de diciembre en esa celda escarchada donde las fechas no tienen sentido. Me miré en el espejo picado por la humedad y vi mi rostro desolado por la angustia de la desesperación. Giré la cabeza a mi izquierda con el único propósito de mirar por la ventana y borrar por un momento esas vallas electrificadas y el césped helado y pintar sobre ella ante mis ojos el Paseo San Antonio, la Avenida Maroto, la de Comuneros, la Plaza del alto Rollo…Recordar mi última San Silvestre. Las calles llenas de orgullosos atletas con el único fin de llenar un hueco en esa carrera y cumplir su propósito. Bajé la mirada a mi pecho y volvà a la cruda realidad; habÃa cambiado mi dorsal de libertad por un nuevo dorsal, el de recluso.