EN mi cabeza se dan cita sensaciones muy especiales contagiadas por un ambiente espectacular. Mientras observo cómo la gente se saluda, recojo mi dorsal – número 104 – y me sitúo al final del numeroso grupo de corredores. Siento nerviosismo, inquietud, ansiedad. Repaso mentalmente los consejos para poder acabar la prueba: una alimentación equilibrada, ingesta de agua y bebidas isotónicas, calzado y prendas cómodas. Todo correcto. Tengo confianza en mà mismo pero sobre todo muchas ganas de pasarlo bien. Siento excitación, felicidad y unas inexplicables ganas de llorar. Me imagino a FilÃpides recorriendo los 42 kilómetros que separan la ciudad de Maratón de la de Atenas para dar la grata noticia de la victoria helena sobre los persas, evitando asà que las mujeres griegas sacrificaran a sus hijos y después se suicidaran. Suena el disparo de salida y al grito de “victoriaâ€, empiezo a correr.