Desperté aturdido, en medio de la calzada, el asfalto me quemaba la piel. Mi cuerpo estaba mojado; sudor y agua frÃa mezclada a partes iguales. El sudor de una intensa carrera que, por primera vez, habÃa disputado con los mejores y -si, ahora recordaba todo con claridad- el agua que arrojaban los asistentes de la carrera, intentaba reanimarme… habÃa perdido el sentido en los últimos metros, deberÃa haber obedecido los consejos de siempre: avituallarme y dosificarme para el spring final. Pero no estaba todo perdido, el objetivo siempre es terminar la carrera y -maltrecho- apoyé las manos hasta erguirme, miré al frente y corrà con un resto de energÃa que no sabÃa que tenÃa, hasta cruzar la meta. Alcé los brazos y los vÃtores del público me dieron mi primera victoria. Aún guardo la foto sobre la chimenea… luego llegarÃan medallas, pero esas las guardo en un cajón.