Séptimo. No importa cuántos llegaron antes o después. Una solitaria lágrima recorrió mi mejilla, no di permiso a más. Justo hoy no. QuerÃa que al mirarme, viera la misma sonrisa que siempre guardo para él. Exactamente la misma que dibujaba su fatigado rostro. Llevaba toda su vida por debajo del cero, dichosos percentiles y dichosa sociedad que señala al diferente y lo juzga sin rascar más allá de la superficie. Mi hijo no crece fÃsicamente, ningún médico encuentra la causa. Al principio, él inclinaba su cabeza hacÃa arriba y cuestionaba. Eres asÃ, hijo, no podemos ni tú ni yo cambiar nada para aumentar tu estatura. No tenÃa más respuestas y continuo sin ellas. Después, la siguió inclinando pero para reÃr, desafiar, sorprender, celebrar y enseñar, sobre todo esto último, que la actitud multiplica, que eres cómo te sientes, que no sólo gana el primero. Corre, hijo, nunca dejes de hacerlo.