Llevábamos unos dÃas revueltos, demasiadas amenazas, demasiado peligro, parecÃa que el mundo se estaba volviendo loco.
Eché un rápido vistazo a la calle, mucho alboroto, la calle hervÃa de gente, seguro que algo pasaba, no era normal tanta algarabÃa.
Mientras me empezaba a poner nervioso oà el disparo. El corazón me dio un vuelco, mi intuición parecÃa no equivocarse, algo pasaba, algo grave.
Me acerqué de nuevo a la ventana con sigilo, todo el mundo corrÃa, presa del pánico supuse, junto a la acera, un hombre empuñando un revolver aún humeante. Me agaché agitado, con miedo, no querÃa que me alcanzara alguna bala perdida.
Mi hermano apareció por el dintel de la puerta de mi cuarto, mirándome extrañado de verme en el suelo me dijo: me voy a trabajar que ya se puede circular por la calle, han dado la salida de la San silvestre.