De nuestra familia Marco y yo somos los únicos que vamos a la escuela. La fachada de la casa es negra cómo señal de duelo permanente, así lo han entendido y respetado los vecinos.
Nuestros hermanos padecen de la misma enfermedad que mamá, ella ha empezado a sentir que el peso de su cabeza es excesivo, insoportable. Pasa el día acostada. El problema verdadero es que ya es sólo lo que podamos hacer Fabiana mi cuñada, Marco y yo.
Cuando la noche llega, los sonidos del exterior no penetran en la casa si no que en cada rincón crecen ruidos propios, son cambiantes según el mes del año y la temperatura. De noche por ejemplo, se escucha en el cuarto de los gemelos un motor incansable combinado con el chillido de cientos de ratas y las carcajadas de muchos niños.