27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aún no había llegado al Paseo de San Antonio cuando se cruzaron nuestras miradas. Esos ojos verdes me habían cegado por completo, pero los perdí de vista. Decidí tomar algo antes de empezar. Apuré la infusión de un sorbo y saqué la cartera para pagar.

– Una chica de ojos verdes te ha invitado.

Salí corriendo del bar, pero fuera no había nadie. La San Silvestre aún no había comenzado, menos mal. Cerré los ojos. Enseguida los abrí. Imposible concentrarme recordando aquella mirada.

– Hola.

¿Estaba soñando?

– Las miradas no sólo miran, también hablan.

¿Cómo?

Me despertó el griterío. ¿Había sido todo sido un sueño? De repente, vi que tenía un papel en el bolsillo de mi pantalón:

«Mis ojos no son verdes, uso lentillas. Como te dije, con la mirada, además de mirar, puedes hablar. Pero también puedes ver la carrera del color que te apetezca».