Era tarde y no habÃa entrenado, asà que se calzó las zapatillas de correr y salió de casa a toda prisa. Bajó las escaleras de dos en dos en vez de esperar al ascensor, y luego, ya en la calle, aceleró el ritmo mientras repasaba en el móvil los mensajes de los amigos y los correos del trabajo. Frunció el ceño al comprobar las series previstas, aunque después sonrió al ver que le habÃa escrito su madre. Entonces recordó que al dÃa siguiente era su cumpleaños, pero se olvidó de lo más importante.