27 DE DICIEMBRE DE 2026

Situemos los acontecimientos un día antes de cambiar la última hoja del almanaque. Entre los miles de dorsales que ocupan las calles de la capital salmantina en la popular carrera, y cerrando el pelotón de valientes que se enfrentan a los fríos castellanos, destaca la imagen de Manuel, cuarenta años cargados al lomo de la vida, abrazado a la mano de su hijo Diego.

Cuentan los que lo vivieron que la escena era de esas que te ponen el corazón a punto de yema, y que no hubo espectador que no batiera palmas de emoción para homenajear los esfuerzos de la pareja.

Porque corriendo más que su ceguera, para dejarla atrás y sentir la vida en el rostro, no faltaron a su promesa. Que por ser, me refiero a la promesa, de esas que te haces a ti mismo, no puedes dejar sin cumplir.